lunes, 22 de junio de 2009

Hay que darse tiempo.


*


Cuatro lágrimas furtivas. Ni una más ni una menos.


Pensándolo continuó escaleras arriba.


Me parecen pocas en verdad, pero al menos sinceras. Le habrá sentado mal.


El aire ahogaba. El ambiente cargado le hacía arrastrar cada movimiento y cada gesto, como en una huida desesperada de una masa que te atrapa.
Envuelta en la sinuosa capa brillante de sudor que protegía su piel descubría un escalón tras otro bajo sus pies, pesados como vestidos con zapatos de cemento.
Pero no se iba a rendir. Nadie dijo que no habría tramos cuesta arriba, que no habría escaleras interminables.


Notaba un picor en la nuca. La plata de su colgante empezaba a rozar. Incluso dolía.
Y parecía que iba a durar para siempre. Caminando sobre un suelo sucio, húmedo como el clima.


Tú diste el primer paso, se decía. Tú has de continuar.





*

















http://www.youtube.com/watch?v=9E76p6vudfc