lunes, 18 de agosto de 2008

Change

Cuando conoces a alguien.
Cuando conoces a alguien y se te queda grabado a fuego. Cuando algo es intenso.
Cuando eso ocurre no se olvida fácilmente.
Si desaparece, duele recordarlo. Si has de recuperarte, debes aprender a mirar atrás sin reparo.
Lo que escuece cura. Si miras atrás y no escuece, es que no hay nada que curar.

Derrepente me entran paranoias... Momentos que no sabes explicar qué sientes o qué te ocurre. Cuando todo va tan deprisa... El tiempo va deprisa. Como pasa de rápido. Joder. Hace un mes mirabas esos ojos al despertar. Ahora no sabes hacia donde has de mirar.
El horizonte se desdibuja entre tus dedos. Se convierte en mil caminos diferentes por los que correr sin destino alguno al que parar. Cada uno tiene mil vistas que admirar y un montón de buenos ratos. Pero ninguno de esos caminos es El Camino. O al menos eso crees.
Cuando llega ese momento, que ya ni esa incertidumbre de la que hablábamos me hace sentir viva... Cuando llega ese momento, no sé qué hacer. Esa droga ya no me vale. Necesito algo más fuerte. Es un capricho, es mono.

Me hace sentir tan mal. Lo pienso. Busco formas de salir. Quiero desintoxicarme. Pero bah... En verdad es él.
Es sólo que todo me da miedo ya.

Sin más.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Ideas desaconsejables.


*

" La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasa por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir,y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bien aventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá. "

El Juego del Ángel.

*

Y ahora, antes de volver a poner mi nombre en tu boca de serpiente, señorita, te lo piensas dos veces.
Que ni alejándome de tu vista consigo librarme de tu mala lengua. No te traiciones más y explota tus virtudes, que las tienes, en vez de fijarte en los demás, en vez de sentirte atacada e indefensa y utilizar malas artes para, a escondidas, talar el árbol que, a tu juicio, te da sombra.

Olvídate de mi.